
El corazón delator
Edgar Allan Poe
Debo confesar que soy nervioso, muy, muy nervioso, tremendamente nervioso; lo he sido siempre y lo sigo siendo. Pero ¿por qué os empeñáis en decir que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, pero no los había destruido ni embotado. Sobre todo tenía un oído agudísimo. Oía todas las cosas del cielo y de la tierra, e incluso muchas cosas del infierno. ¿Cómo, pues, puedo estar loco? ¡Escuchad! Y observad con cuánta cordura y con cuánta calma puedo contaros toda la historia.
[...]
Si aún pensáis que estoy loco, cambiaréis de opinión cuando os describa las sabias precauciones que tomé para esconder el cuerpo. La noche declinaba y trabajé con prisas, pero en silencio. Lo primero que hice fue desmembrar el cadáver. Le corté la cabeza, los brazos y las piernas.
martes, 18 de noviembre de 2008
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